22/02/2024

La denominación de “Bioeconomía” fija un programa de cambio avanzado de la época



Fernando Villela, próximo secretario de Agricultura, ha decidido modificar el nombre de la Secretaría y denominarla de “Bioeconomía”, lo que tiene un significado programático que coloca a la actividad agroalimentaria en el contexto real de la época, que es la de una profunda integración del sistema guiada por la revolución de la técnica, que revaloriza la dimensión estrictamente biológica de todas las actividades productivas y de conocimiento.

En términos estrictos, la “Bioeconomía “ se refiere al hecho de que tanto en el país como en el mundo existe hoy una multiplicidad de cadenas agroindustriales que producen alimentos de base vegetal y animal, pero también energía, fibras, y bioproductos farmacéuticos, y todas ellas tienen en común que captan sistemáticamente dióxido de Carbono (CO2) de la atmósfera.

Por eso la “bioeconomía” constituye una respuesta mayor a la crisis desatada por el cambio climático o “calentamiento de la atmósfera” , que es el gran desafío de la época.

Esto ya no es la “agricultura” simplemente: la producción de agroalimentos sobre la base de la explotación de los recursos de la tierra y el agua,

Ahora también hay producción de energía, al punto de crear una industria autónoma que es la de los biocombustibles.

Algo semejante ha ocurrido con la industria farmacéutica, que se vincula cada vez más con las actividades lácteas. En Nueva Zelanda por ejemplo, casi 30% de la industria lechera se ha transformado en productora de leches especializadas para la atención de enfermedades infantiles, y también estados crónicos de salud.

Es importante advertir que la concepción de “bioeconomía” de Fernando Villela y su equipo no tiene un problema de demanda, sino exclusivamente de oferta, en el sentido de la necesidad de acelerar el cambio tecnológico y el pleno despliegue de la energía y la creatividad empresaria.

La demanda bioeconómica es cada vez mayor, y está centrada en los países asiáticos –China / India en primer lugar-, al mismo tiempo que es cada vez más diversificada por el empuje fenomenal de la clase media global, y en especial la de los países emergentes, que no solo disponen de recursos crecientes para una mejora prácticamente constante de sus condiciones de vida, sino que se orienta culturalmente hacia el logro de una “vida sana” , lo que significa primordialmente una alimentación de alta calidad centradas en productos biológicos y vegetales.

En este momento el sistema capitalista experimenta una 4ta revolución industrial, que es el proceso de digitalización completa de todas las actividades productivas y de servicio; y que se funda –esto es lo esencial para una concepción bioeconómica- en el respeto irrestricto a la dimensión estrictamente biológica regida por la lógica de la vida.

Las tres primeras revoluciones industriales se basaron en el criterio de que la naturaleza ”es un objeto” de explotación productiva, destinada a transformarla en un mero insumo de un sistema agroalimentario por definición superintensivo e hiper integrado, que se guía exclusivamente por los rendimientos, y sin preocupación alguna por la cuestión decisiva de la sustentabilidad.

El ejemplo histórico de este sistema es el agro norteamericano, el más eficiente del mundo, y que se orienta por un criterio constante de auge de la productividad, sinónimo de intensificación de la totalidad de los factores, y ante todo del capital.

El “cambio climático o calentamiento de la atmósfera” está vinculado en forma directa en una relación de causa / efecto con la 2da revolución industrial, centrada en la industria automotriz, y cuyo insumo fundamental fueron los combustibles de origen fósil o “naftas”, que son los grandes creadores de Dióxido de Carbono o CO2, el impulso crucial del cambio climático.

La explosión en la emisión de dióxido de Carbono o CO2 que se produce a partir de la década del 20 como resultado del extraordinario despliegue que experimenta la industria automotriz primero en EE.UU y después en el mundo surge de una explotación deliberada de la naturaleza, en una concepción totalmente ajena a la lógica de la vida fundada en la constante reproducción.

Esto es lo que recupera la 4ta. Revolución industrial a través de su dimensión estrictamente biológica, que resguarda el uso de los recursos –la tierra y el agua en primer lugar-, y apuesta a un criterio esencialmente circular de contenidos exclusivamente biológicos.

En esta lógica de la vida el alza de la productividad es sinónimo de auge constante de la sustentabilidad, convertida en un criterio endógeno de la bioproducción avanzada.



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