23/02/2024

La noche en que Beckenbauer cenó con los campeones del 86 y Grondona creyó que había un intruso en la mesa


Cuando el Mundial de Alemania de 2006 tenía en su cuenta regresiva compromisos de promoción por todo el planeta, Franz Beckenbauer llegó a la Argentina con una comitiva de la FIFA. El Kaiser formaba parte del comité organizador y uno de los pocos que había levantado la Copa como futbolista y entrenador.

Entre su agenda, había una cena de camaradería con invitados exclusivos: el entrenador Carlos Bilardo y varios campeones mundiales del 86. El núcleo de personas con acceso a esos ámbitos, la elite. Y también Orestes Katorosz, el inclasificable. El entonces presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) Julio Grondona, creyó que se había colado, pero cuando vio el abrazo que le dedicó Beckenbauer, se reservó sospecha. Al menos hasta que se lo cruzó.

“¿Qué hiciste el otro día, cómo te metiste a la fiesta de Beckenbauer?”, le preguntó Grondona a Katorosz la primera vez que se lo cruzó. “Somos conocidos”, le dijo con total normalidad y le mostró la foto que lo inmortalizó junto al Kaiser en un entrenamiento del Cosmos.

“En aquel momento como que parecía que yo era un intruso, porque en esa comida estaban todos los número uno, los grandes. Y de golpe Franz me vio, me saludó, no con un abrazo total, sino con ese medio abrazo que te agarra del costado. Se levantó y posamos para la foto. Me pidieron posar para la foto, para el promocional… Y ahí está la foto”, evoca y le entrega pruebas a Clarín.

Katorosz y uno de sus pasados como futbolista. 
Foto MARCELO CARROLL Katorosz y uno de sus pasados como futbolista.
Foto MARCELO CARROLL

La vida de Katorosz tiene eso, la facilidad de estar de un lado y otro de la línea que divide a las celebridades de la gente común. No se lo puede ubicar de uno o de otro lado, sería un error. Está en ambos. ¿Cómo puede alguien que no fue futbolista ser parte del mayor evento de ese deporte? La historia está documentada.

“El Cosmos de Pelé” tuvo también a Beckenbauer como una avanzada de las estrellas que recalaban en un incierto fútbol -soccer- de Estados Unidos en la prehistoria de la Major League Soccer (MLS) que hoy intenta encandilar con Lionel Messi. La piedra fundacional fue del entrenador brasileño Julio Mazzey, quien convenció a O Rei para su desembarco.

«Mi inspiración siempre fue el gran Luis Artime. Yo era goleador, era nueve de área y goles son espectáculo y en Estados Unidos más que en ningún otro lado. Llegué al Cosmos recomendado por gente que me había visto hacer goles en la liga en donde jugaba yo, amateurs de Estados Unidos. Lo encaré de atrevido al profesor Mazzey y le dije que yo era espectáculo”, contextualiza Katorosz.

Dos años jugó Beckenbauer en el Cosmos. Lo de Katorosz fue efímero. Después de algunas prácticas, no quedó seleccionado. Parece imposible que el argentino haya podido dejar una huella en la vida del Kaiser, pero el contacto tuvo ciertas particularidades que con ciertas palabras clave lograban que tiempo después, incluso en esa fiesta de la AFA, el reencuentro tuviera un anclaje concreto. La noche de Nueva York.

Una pausa en el entrenamiento del Cosmos: Beckenbauer con botella y Katorosz sorbiendo.Una pausa en el entrenamiento del Cosmos: Beckenbauer con botella y Katorosz sorbiendo.

“Yo vivía en Quinta Avenida y 76 en New York, en la parte más cajetilla de la ciudad. Uptown, frente al Central Park: conchetísimo estaba en esa época ¿no? Y estaba de fiesta todos los días en un departamento de lujo. Nada de ejemplos deportivos, nunca lo fui en ese sentido. A las 5, por ahí estaba tomando whisky o champagne con amigos, en una fiesta o lo que fuera y me pegaba una ducha agarraba el bolsito y, pum, me iba a New Jersey al estadio de los Giants”, recuerda, y a la vez explica tácitamente los motivos por los que no quedó seleccionado.

En líneas generales, llegaba a las 7 al entrenamiento, pero cuando perdía alguna combinación del transporte público en que se movía, llegaba tarde. Katorosz recuerda el periplo y las estaciones de combinación con asombrosa precisión.

“Y que pasa, yo a veces entonces llegaba 15 minutos tarde y ahí Franz me miraba con una sonrisa, como diciendo ‘New York girls’… Es que yo con él hablaba de cosas no convencionales. Hablábamos de las chicas argentinas, de las mujeres de Nueva York, de las alemanas, las francesas. Y coincidíamos en algo: nos llamaba la atención que las norteamericanas te decían: ‘may I buy you drink?Era normal que la mina tuviera la iniciativa, no tenían el prejuicio de que tiene que ser el macho el que invita. Nos sorprendía esa actitud directa, simple y menos vueltera que la de las europeas. Y yo le decía que en la Argentina eran tremendamente más vuelteras. Te decían: ‘¡Ay, no! ¿Qué vas a pensar de mí?”, evoca un recuerdo antes de la deconstrucción.

Las obligaciones en Cosmos de un futbolista de la talla de Beckenbauer eran muy distintas a las de cualquier otro club de su carrera. El alemán tenía más tiempo para recorrer la ciudad, que además no tenía -ni esa ni ninguna otra de Estados Unidos- pasión por el soccer. Es fácil imaginarse al Kaiser de turista y a una rara avis como Katorosz como posible conexión por fuera de la pelota.

Orestes y Franz, en una imagen institucional del Mundial 2006 cuando el alemán llegó como embajador del torneo.Orestes y Franz, en una imagen institucional del Mundial 2006 cuando el alemán llegó como embajador del torneo.

«Una de las cosas que abrumaba a Franz era la magnitud de Nueva York. Pese a haber vivido tanto el mundo, las ciudades europeas y todo lo que conocía, no es que andaba por ahí. Pero en esta etapa del Cosmos, tenía tiempo de andar como un ciudadano más. Y la veía sofocante, bella, abrumadora… Intimidante, esa es la palabra más exacta. Como poderosa, con enormes edificios. La noche de Nueva York, en el centro de la ciudad, en el Downtown. Era como que asustaba ese tipo de comentarios sobre lo peligrosa que podía ser. Y yo, por supuesto, siempre tenía conversación para ilustrársela”, se jacta.

¿Es posible que esa conexión haya sido indeleble para el alemán? ¿Quién podría desmentir a Katororsz tras la muerte de Beckenbauer, que además tiene fotos que documentan la cercanía entre uno y otro? Él mismo encorseta las suspicacias.

“Yo no fui un compañero de años en el Cosmos pero hablábamos y teníamos esas charlas con mucha sensatez. Cuando lo volví a ver otras veces, le tenía que recordar un poco y entonces rememoramos y todo bien. Esa vez, en el 2006, a mí me invitó la embajada alemana y acá la gente de la AFA estaba furiosa porque la manejaban prácticamente ellos con mucho celo. Estaban esas mesas redondas de diez comensales lleno de gente. Como te decía, nos vimos, dos palabras, el abrazo y todo el mundo se calló la boca”, completa.

Hay otro argentino, Ángelo DiBernardo, que jugó más partidos con el Kaiser. Lo hizo oficialmente, sí. Pero el de las anécdotas y las fotos es Katorosz. Es el único que además compartió, aunque sea por un rato, cancha, vestuario, club, noche y charlas con Beckenbauer.



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