cómo se arreglan sin alimentos del Gobierno y quién los asiste


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Los comedores y merenderos de Zona Sur se sostienen en gran medida por los aportes de donaciones individuales de personas o empresas que colaboran con estos espacios. Inclusive muchas de las personas que ayudan y cocinan aportan dinero de su bolsillo para completar una comida. Pero la situación económica y la suba del precio de los alimentos dificulta esto y actualmente todos coinciden en que las donaciones bajaron y se hace difícil, sobre todo, completar las ollas. “Antes yo ponía de mi plata para comprar lo que faltaba pero ahora no puedo sostenerlo. Si no hay donaciones, no hay olla”, cuenta Valeria, del comedor “Sonrisitas” de Barrio Sakura, Longchamps.Respecto de los controles de Nación, la gran mayoría de los comedores recibieron la visita de auditores que fueron a registrar si los espacios existen, si funcionan, a cuántos chicos y adultos reciben, y cuántas comidas brindan por semana. “Vinieron a ver el trabajo que hacíamos y nada más, no nos dijeron nada, no nos informaron si van a enviar alimentos o no”, contó Alejandra del merendero “Color Esperanza”, de Villa Caraza, Lanús. Esto se dio en el marco de la auditoría que lanzó el Gobierno Nacional sobre cuyos resultados denunció la existencia de espacios “fantasma” y el desvío de alimentos por parte de organizaciones sociales. En esa lista de espacios denunciados entró el comedor “Forte”, del barrio Transradio, en Esteban Echeverría, que recibe a más de 50 chicos todas las semanas. Fernanda, quien lleva adelante el espacio, no tiene claro cómo fue que terminaron en la lista de los espacios fantasma y asegura que trabajan todos los días y hacen un gran esfuerzo para darle la comida a los chicos del barrio. Son muchas las historias sobre cómo en los comedores de Zona Sur se llenan las ollas para ayudar a los vecinos que más lo necesitan. Hacer comida para tanta gente cada semana es un desafío. Venden rifas para comprar los productos frescos del día, van al mercado central a reciclar verduras y completan con agua las ollas de 100 litros. La situación se hace cada vez más difícil, pero ningún comedor considera la posibilidad de cerrar sus puertas.

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Merendero «La Merced», San Vicente

Ubicado en Víctor Lacaze 1240, en el barrio La Merced de San Vicente, en el espacio dan la merienda lunes y viernes, mientras que los miércoles dan la cena. “Del Estado no estamos recibiendo nada, la municipalidad de vez en cuando nos da alimentos, pero este espacio lo bancan los vecinos, la comunidad”, cuenta Amada y aclara: “No sufrimos recortes porque nosotros nunca dependimos del gobierno, este es un comedor vecinal”.En el merendero tienen 160 personas inscriptas para recibir ayuda, de los cuales 120 son menores y 40 son adultos. “Lamentablemente en este último tiempo están disminuyendo las donaciones y podemos darle comida a menos gente”, cuenta.

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Comedor «Forte», barrio Transradio, Esteban Echeverría

En el barrio Transradio, en Solis 850, se encuentra el Comedor Forte que recibe a 50 chicos que llegan en su mayoría con sus mamás. Los lunes a las 18.30 dan la cena, mientras que los miércoles a las 17.30 brindan la merienda. Fernanda, quien lleva adelante el espacio, cuenta que forman parte de la cooperativa del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y que por eso recibieron alimentos de Nación hasta diciembre del 2023. Pero al cese de las entregas se sumó que el mes pasado se encontraron en la lista de “comedores fantasmas” que difundió el Gobierno Nacional tras supuestas inspecciones. “Yo no sé por qué estamos en esa lista, acá no vino nadie y tampoco sé qué hacer ahora”, cuenta Fernanda con preocupación, ya que actualmente solo recibe aporte de alimentos del Municipio de Esteban Echeverria que una vez al mes les entrega productos de merienda: harina, galletitas, yerba, azúcar.“Lo más difícil es hacer la cena, siempre nos faltan alimentos. El otro día rifamos un set de mate y con eso podemos comprar queso para hacer pizza, porque solo teníamos harina y levadura”, cuenta.

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Comedor “Color Esperanza”, Villa Caraza, Lanús

Alejandra Ramos está al frente del comedor “Color Esperanza”, ubicado en General Villegas y Benito Perez Galdó, en Villa Caraza, Lanús. En este espacio hacen un trabajo casi diario para los vecinos del barrio: dan la merienda los miércoles y viernes, mientras que los martes y jueves hacen olla para la cena. También los sábados abren sus puertas para que los chicos de la zona puedan acercarse a merendar.En este espacio recibían alimentos de Desarrollo Social del Gobierno Nacional, pero desde diciembre tuvieron más entregas de mercadería. Se sostienen con aportes del Municipio de Lanús, alimentos secos que llegan una vez al mes del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y donaciones individuales. “Los lunes a las 6 de la mañana vamos al mercado central y reciclamos verduras. Traemos tomates maduros para hacer salsa, a todo le sacamos la parte fea, lo lavamos, lo dejamos en buen estado y con eso hacemos nuestro puré de tomate”, cuenta Alejandra y explica: “Tenemos que hacer ollas de 100 litros y no pueden ser pura agua”.

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Comedor “Los Chicos Primero”, El Jagüel, Esteban Echeverría

Florencia Sánchez es parte del comedor “Los chicos primero”, ubicado en el El Jagüel, Esteban Echeverría, y coincide en que cada vez más gente se acerca a los comedores a pedir ayuda. “La gente está desesperada, en una familia donde hay criaturas la plata no alcanza. Un adulto con mate la puede pasar, pero los que tienen chicos necesitan ayuda urgente”, dice Florencia.En el comedor reciben alimentos por parte del gobierno bonaerense y del Municipio de Esteban Echeverría, y además destaca el aporte de los vecinos. “La gente colabora, es muy solidaria, a pesar de que a ellos también les está costando el día a día”, remarca.

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Merendero «Mamá María», Villa Fiorito, Lomas

Martín López, del Merendero Mamá María de Villa Fiorito cuenta que el espacio nació con la idea de no depender de nadie. “Nunca recibimos ayuda del Estado, todo lo hacemos a pulmón gracias a donaciones que hace la gente, así fue siempre y así queremos seguir”, cuenta Martín y destaca que prefieren este camino para que “no haya nada político de por medio».

El comedor ofrece tres veces por semana una comida, y otras tres veces desayuno o merienda, y ha vivido, como todos los demás espacios, un aumento en la cantidad de personas que se acerca a pedir alimento. “La cantidad de chicos aumentó en un 30%, era un promedio de 80 chicos, y ahora se fue a 100 o 110, depende el día”, cuenta Martín y aclara que ninguna persona del Estado se acercó a auditar el comedor.

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Comedor “Sonrisitas”, barrio Sakura, Longchamps, Brown

Valeria lleva adelante el comedor “Sonrisitas”, en Bufan 3266, en el barrio Sakura, en Almirante Brown. Allí reparte entre 70 y 80 viandas dos veces a la semana. “Antes lo hacíamos tres veces a la semana, pero ya no alcanza. Y la olla de comida la hacemos solo cuando hay donaciones individuales”, cuenta Valeria y explica que solo reciben aportes del Municipio de Almirante Brown, que les da productos para las meriendas.Respecto de las auditorías, la vecina de Longchamps contó: “Vino una persona hace dos semanas a ver el comedor, me preguntaron cuánto tiempo hacía que funcionaba el espacio, me pidieron información, pero no me informaron nada más”.

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Merendero “Corazoncitos”, El Jagüel, Esteban Echeverría

Mary Mendoza, en el Jagüel, Esteban Echeverría, abre el comedor “Corazoncitos” tres veces por semana para unas 100 personas. Mary cuenta que en el último tiempo se sumaron diez familias y cada vez reciben menos alimentos. “A mí me da mucha tristeza decirle, ‘mirá, no tengo nada’, entonces siempre sacamos algo de algún lado, le damos, le damos fideos o algunas salchichas si tenemos”, dice y agrega: “Hace 7 años que estamos ayudando al barrio y todos los comedores que estaban cerca cerraron porque no lo pudieron sostener”.Actualmente, en el merendero “Corazoncitos” reciben aportes del Municipio de Esteban Echeverría, del Mercado Central y donaciones particulares. A pesar de lo difícil que se les hace sostener el espacio y las comidas tres veces por semana, Mary asegura: “Acá estamos y siempre vamos a estar ayudando a nuestro barrio”.

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Centro de jubilados «Rompe el encierro», Villa Fiorito, Lomas

El centro de jubilados “Rompe el encierro” de Villa Fiorito, Lomas de Zamora, abre de lunes a viernes de 8.30 a 17.30. Además de las actividades con adultos mayores, hasta fin del año pasado de lunes a viernes cocinaban tres ollas cada día y repartían a la gente del barrio. Pero desde diciembre dejaron de recibir los alimentos de Nación y debieron reducir el servicio; ahora dan la comida los martes y viernes y les alcanza para hacer una olla y media. “A partir de las 9 de la mañana viene la gente a hacer la fila para poder asegurarse quizás el único plato de comida que van a tener en todo el día”, cuenta Belén, una de las mujeres que lleva adelante el espacio al que asisten sobre todo personas mayores. “La situación es muy difícil, hoy los abuelos tienen que elegir entre comprar los medicamentos o poner un plato de comida en la mesa”, dicen con mucha pena. A “Rompe el encierro” se acercó personal del Ministerio de Capital Humano a verificar el funcionamiento del espacio. Según cuenta Belén, les pidieron información pero no les aseguraron el envío de mercadería. En este marco, la voluntaria consideró: “Le están sacando la comida a los últimos de la fila. Lo único que reconforta y que da ganas de seguir es ver a las compañeras haciendo magia para garantizar la comida de la gente”.

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