Con el agua al cuello, las empresas del sur de Brasil buscan resistir: «Hay una destrucción generalizada»


Las peores inundaciones en la historia del sur de Brasil dejaron una pujante economía entre las cuerdas, con extensiones agrícolas inservibles y fábricas paralizadas. Al tiempo que todavía sacan cuentas de los daños, sus actores buscan medidas y reclaman más ayudas.

«Nunca hubo unas pérdidas como ahora», resumió esta semana el presidente de la Federación de Agricultores de Rio Grande do Sul (Farsul), Gedeao Pereira.

«Hay una destrucción generalizada, principalmente en las regiones centrales del estado», agregó en rueda de prensa.

Uno de los mayores PBI del gigante latinoamericano, Rio Grande do Sul sufrió hace un mes un desastre climático que dejó unos 170 muertos, decenas de desaparecidos y más de 600.000 desalojados, un fenómeno relacionado por los expertos con el calentamiento global.

Las inundaciones dejaron 170 muertos, decenas de desaparecidos y más de 600.000 desalojados. Foto: SILVIO AVILA / AFPLas inundaciones dejaron 170 muertos, decenas de desaparecidos y más de 600.000 desalojados. Foto: SILVIO AVILA / AFP

La región cuenta con una actividad basada en la agropecuaria, dedicada en primer lugar al cultivo de soja. La actividad industrial está orientada en gran medida al sector cárnico y manufacturero.

Nueve de cada diez fábricas resultaron afectadas, mientras que una encuesta preliminar publicada por la Farsul estima que grandes propietarios perdieron hasta 25 millones de reales (5 millones de dólares).

El balance en esta región de 11 millones de habitantes todavía no acabó.

«A medida que vamos visitando el estado, más impresionados nos quedamos con el nivel de daños», según Pereira.

Posibles soluciones

Estas son algunas de las soluciones (y riesgos) que adelantan los empresarios.

La caída de puentes y el estado precario de muchas carreteras debido al desborde de ríos dificulta en extremo el transporte de mercancías, lo que impide a las empresas recibir la materia prima y distribuir sus productos.

Además de los daños sufridos por el agua en sus instalaciones, esto impide reanudar la producción.

«Lo más apremiante es restablecer la movilidad«, afirma a la AFP Angelo Fontana, presidente de la Cámara de Industria, Comercio y Servicios del Valle del Taquari, una región muy afectada al noroeste de la capital, Porto Alegre.


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Es el primer paso para «restablecer la actividad de las empresas, que son las que generan empleo y renta para la región», añade Fontana, socio de la firma homónima de preparados químicos para productos de limpieza e higiene en la localidad de Encantado, junto al río Taquari.

Con 90 años de antigüedad y 250 empleados, esta empresa todavía no retomó su producción: varios de sus gigantescos depósitos de productos químicos ubicados al exterior de la fábrica quedaron torcidos como torres de Pisa por la fuerza del agua.

El gobierno federal anunció hasta ahora, entre otras medidas, una línea de financiamiento de 15.000 millones de reales (USD 2.900 millones) con intereses bajos y la negociación de deudas de créditos rurales.

Un apoyo juzgado insuficiente por Pereira. Rio Grande do Sul precisa de «medidas más consistentes», «plazos de reembolso más largos, de hasta 20 años», dijo a la AFP.

Las ayudas son «positivas, pero se necesitan más créditos» para productores, corrobora Carlos Joel da Silva, presidente de la Federación de Trabajadores en la Agricultura de Rio Grande do Sul, que representa a más de 700.000 empleados en la agricultura familiar.

Solamente tratar las tierras agrícolas para que vuelvan a ser fértiles es extremadamente oneroso, dice.

La región ha sufrido cuatro eventos climáticos extremos en el último año por lo que los empresarios llaman también a desarrollar planes de contingencia.

La empresa Fontana elaboró uno después de las últimas de 2023.

Ante el aviso de nuevas lluvias torrenciales, «retiramos equipamientos y los componentes electrónicos de nuestras máquinas», explica Ricardo Fontana, director de la empresa. «Así, limitamos los perjuicios», agrega.

Otro de los retos es evitar el «éxodo laboral», explica Angelo Fontana.

Casi 10% de los empleados de la empresa pidieron su dimisión desde la catástrofe.

«Debemos darles una solución para la vivienda, estabilidad», dice.

Finalmente, no puede excluirse la reubicación o incluso el abandono de la actividad.

Para Carlos Joel, a los pequeños productores, que apenas se recuperaban de varios años de sequía, este nuevo golpe podría forzarles a «buscar nuevas tierras».

Alexandre Becker, un productor lechero que perdió buena parte del pienso para sus vacas, explica que por ahora va a «desembarazarse» de parte del ganado.

«Si el invierno no nos va bien, no descartamos este año parar la actividad», dice, junto a su tractor en un campo de Travesseiro, en el Valle del Taquari.



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