28/05/2024

desafíos, obstáculos y oportunidades para el trigo argentino



El crecimiento poblacional, el aumento de la demanda, las mayores exigencias de los consumidores y los límites a la expansión del área cultivable proponen importantes desafíos para la producción de trigo en el mundo.

Para debatir al respecto, Daniel Miralles y Betina Kruk (FAUBA-Conicet), coordinadores técnicos de A Todo Trigo, el congreso que se está desarrollando desde ayer en Mar del Plata, oficiaron de maestros de ceremonias de un panel conformado por destacados expertos en el cultivo como Roberto Fernández Aldúncin, Federico Bert y Gustavo Slafer, quienes abordaron las claves de la campaña que comienza, las nuevas demandas y la importancia de generar «una épica de la producción».

Bandera de largada en Argentina

En una escenario mucho más favorable que en la campaña anterior, por estos días, algunos productores han comenzado las labores de siembra de trigo en Argentina. “Estamos en un momento de recarga de agua en el perfil y, a diferencia del año pasado, hoy tenemos una ventaja porque la disponibilidad hídrica resulta fundamental para el éxito o fracaso del cultivo», dijo Miralles. “En el Este, el 60 por ciento del éxito del rendimiento del trigo está explicado por la cantidad de agua del perfil y en la zona oeste ese porcentaje sube casi al 80 por ciento. Tenemos buenas perspectivas para la campaña”, puntualizó.

Por otra parte, el especialista adelantó que 2024 «va a ser un año fresco«. Según explicó, las bajas temperaturas y la excelente disponibilidad de agua favorecerán al trigo y a los cultivos de invierno. No obstante, advirtió que la relación insumo/producto sigue siendo un punto crítico. “Si bien hubo señales del gobierno, los fertilizantes están, en general, por encima de los valores históricos entre el 9 y el 46 por ciento”, detalló.

En ese sentido, el coordinador académico de A Todo Trigo explicó que, si bien el consumo de fertilizante fue creciendo durante los años, Argentina no los produce y eso es un problema. Pero destacó que el país tiene la oportunidad de lograr el autoabastecimiento de urea con la explotación de Vaca Muerta y para ello, resulta fundamental contar con infraestructura en funcionamiento.

La conversación pública: ciencia vs. relato

A su turno, Roberto Fernández Aldúncin (FAUBA- CONICET), se refirió a la importancia de que el sector agroindustrial, más allá de erradicar el hambre, sea capaz de «generar una nueva épica de la producción”. En relación a cómo lograrlo, reconoció que «la agronomía tradicional está siendo crecientemente cuestionada por diversos colectivos» pero señaló que estas premisas muchas veces son «de validez dudosa» por «maniqueas» o «ideologizadas». Y advirtió que, en ese sentido, hay una diferencia entre “dato y relato”.

El experto habló sobre la discusión pública de las temáticas relacionadas con el aumento de la producción; la reducción del hambre y la pobreza; los peligros del uso de agroquímicos sintéticos; la necesidad de intensificar el uso de la tierra; la conveniencia de ampliar la diversificación del paisaje; los costos ambientales y sociales de la expansión del área cultivada, y el uso de organismos genéticamente modificados. Al respecto, indicó que muchos de los argumentos no tienen fundamento científico e instó al sector agropecuario a construir una «épica genuina» no basada en la publicidad, sino en una “convicción basada en la verdad”.

Para el académico, el sector agropecuario comunica mal o no tiene una estrategia de comunicación. “Somos víctimas de la trivialización y el pensamiento de grupos. Tenemos que mejorar porque nos conviene, pero sobre todo porque es lo que corresponde”, subrayó. Y agregó: “No alcanza con tener razón, hay que prestar atención al relato propio y ajeno”.

Un consumidor exigente

Las nuevas demandas por parte de los consumidores fueron abordadas por Federico Bert (IICA). “Por años nos enfocamos en aumentar la producción y la eficiencia siendo relativamente indiferentes a lo que pasaba más allá de la tranquera y el país. No nos preguntamos cómo estaba hecho el producto porque nadie lo cuestionaba”, reconoció.

Pero las cosas cambiaron. Los consumidores son cada vez más exigentes, no sólo quieren saber sobre el origen y la composición de las materias primas de los alimentos que compran sino también tener garantías al respecto que certifiquen la sustentabilidad de la producción y la salubridad del producto. “Estamos en una época donde no sólo importa el cuánto sino el qué y cómo producimos”, dijo Bert. De acuerdo a su visión, esta nueva realidad abre oportunidades comerciales para quienes sean capaces de aprovechar la coyuntura. “Donde hay una necesidad nace una oportunidad de negocio, independientemente de si estoy o no de acuerdo con esas demandas. La gente quiere orgánicos, exige huella de carbono, producción sustentable y alimentos de mascotas de extrema calidad”, detalló.

Para Bert, hoy está empezando la era del Agro 4.0, donde la tecnología es el gran ordenador de la vida y donde la ecología y la sustentabilidad van a tener un lugar preponderante. “Hay un nuevo escenario agroecológico impulsado por el cambio ambiental y climático; no sabemos qué va a pasar pero habrá cambios. La sustentabilidad pasó a ser un eje central de la política y el sistema financiero internacional. En ese partido se define el futuro de gran parte de los argentinos”, afirmó.

Este nuevo escenario global implica nuevos requerimientos, regulaciones crecientes y mercados emergentes, por eso, el especialista considera que se deben ofrecer nuevos productos, especializados o con otros procesos que se adecuen a las exigencias de los mercados emergentes. “Tenemos que tener una actitud proactiva y definir posicionamientos; en especial en los ámbitos internacionales, ya sean públicos y privados, nacionales, regionales y multilaterales. Transitamos un cambio de paradigma del cuánto al cómo. A simple vista hay restricciones, pero detrás hay grandes oportunidades de negocios”, remarcó.

A su turno, Gustavo Slafer (ICREA, España) analizó la situación del trigo en el mundo, destacando la importancia «descomunal» del cereal por su valor nutricional y los enormes avances obtenidos en materia de rindes. “En los últimos años se han triplicado los rendimientos, hoy es muy difícil expandir el área agrícola y por eso hay un cambio enorme en la productividad”, explicó.

En este sentido, Slafer alertó que el trigo es un alimento crítico para la seguridad alimentaria. “Necesitamos aumentar la producción porque cada vez somos más ricos como humanidad; desde los países de más altos ingresos hasta los más pobres, la tendencia indica que proporcionalmente somos más ricos. Mientras más recursos disponga la población, el consumo de alimentos será mayor y con más exigencias de calidad», argumentó.

En ese camino, consideró clave el papel de los insumos a la hora de maximizar e intensificar las producciones en áreas más limitadas y la aplicación de conocimientos. Para eso, consideró fundamental la inversión en investigación y desarrollo para obtener cultivares e insumos más eficientes.



Source link

Escanea el código