28/05/2024

se dispararon las teorías conspirativas que niegan el cambio climático


Contra lo que podría esperarse, y pese a la abrumadora evidencia científica en contrario, la tremenda catástrofe que dejó bajo el agua a cientos de miles de personas en el sur de Brasil revitalizó las teorías conspirativas que niegan el cambio climático, y que encuentran en las redes sociales el medio ideal para propagarse rápidamente.

«Lo que sucede en Rio Grande do Sul definitivamente no es natural. ¡Abramos los ojos!», escribió en su cuenta una usuaria de la red X. Ese mensaje podría resumir una tendencia.

Según la usuaria, las inundaciones que mataron al menos a 126 personas y afectaron a casi dos millones son consecuencia de un ataque del Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP, por sus siglas en inglés), un proyecto que estudia las capas de la ionosfera mediante antenas ubicadas en Alaska.

Otros usuarios de redes publican imágenes de aviones cruzando el cielo de Rio Grande do Sul, adjudicando a esas aeronaves a la verdadera razón de las lluvias devastadoras.

Los contenidos convergen en una teoría conspirativa que niega el cambio climático y, al mismo tiempo, culpa a gobiernos e instituciones científicas de orquestar «tragedias planificadas».

Las publicaciones, que suman cientos de miles de interacciones en las redes sociales, ignoran el consenso científico sobre las causas de la catástrofe y su fuerte conexión con el calentamiento global.

Vista aérea de Eldorado do Sul, una de las tantas ciudades brasileñas que quedaron bajo las aguas. Foto: AFPVista aérea de Eldorado do Sul, una de las tantas ciudades brasileñas que quedaron bajo las aguas. Foto: AFP

Carlos Nobre, coordinador del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología para el Cambio Climático (INCT), enumera las causas científicas específicas que se encadenaron para provocar el desastre: un sistema de baja presión que, al ser bloqueado por otro de alta presión, provocó que frentes fríos se mantuvieran en la región y provocaran lluvias históricas alimentadas por un flujo de vapor de agua proveniente del Amazonas.

El calentamiento agravó la situación. «La atmósfera más cálida almacena mucho más vapor de agua, lo que alimenta episodios de lluvia más frecuentes e intensos que generan desastres como este«, señala en declaraciones citadas en un informe de la agencia AFP.

El Gobierno brasileño coincide, y el presidente Lula da Silva declaró que la tragedia es una «alerta» del planeta. Nada más alejado que su predecesor, el ultraderechista Jair Bolsonaro, cuyo gobierno relegó las cuestiones climáticas.

El museo de Bellas Artes de Rio Grande do Sul, en el centro de Porto Alegre, rodeado por calles inundadas. Foto: AFPEl museo de Bellas Artes de Rio Grande do Sul, en el centro de Porto Alegre, rodeado por calles inundadas. Foto: AFP

Sustancias químicas y antenas en Alaska

Una encuesta del instituto Quaest mostró que un 99% entre 2.045 encuestados cree que el cambio climático se relaciona al menos un poco con los eventos en Rio Grande do Sul.

Pese a ello, las narrativas conspirativas que anteriormente no encontraban resonancia en el entorno digital brasileño tomaron fuerza. Los usuarios repiten conspiraciones compartidas -y desacreditadas- durante años en Estados Unidos, como la teoría de los «chemtrails» y descontextualizaciones sobre el proyecto «HAARP».

Esas corrientes argumentan que el Gobierno utiliza aviones para esparcir sustancias químicas a la atmósfera que, a su vez, serían activadas por poderosas antenas en Alaska, alterando el clima y provocando desastres naturales.

En tanto, las afirmaciones sobre los «chemtrails» («estelas químicas» en inglés) de los aviones ignoran procesos ya explicados: los motores de las aeronaves dejan rastros de condensación del vapor de agua presente en la atmósfera, además de liberar partículas como hollín y contaminantes.

El campo de juego del estadio Beira Rio, en Porto Alegre, cubierto por el agua. Foto: AFPEl campo de juego del estadio Beira Rio, en Porto Alegre, cubierto por el agua. Foto: AFP

Las antenas en Alaska son parte del HAARP, un programa de la Universidad de Alaska Fairbanks que estudia la ionosfera mediante la transmisión de frecuencias y, según la institución, sin capacidad de controlar o manipular el clima.

Como innumerables meteorólogos y climatólogos contactados por la agencia AFP a lo largo de años, Nobre dice que la teoría sobre HAARP «carece absolutamente de sentido físico».

«No hay manera de que un instrumento en la ionosfera pueda hacer que los eventos meteorológicos sean más extremos», dice el experto del mismo modo que esto «no podría cambiar el clima en Alaska».

Cambio climático y discurso político

Raquel Recuero, coordinadora del Laboratorio de Investigación de Medios, Discurso y Análisis de Redes Sociales de la Universidad Federal de Pelotas, en Rio Grande do Sul, explica que el contenido conspirativo es importado y traducido por grupos organizados, «probablemente en busca de una audiencia, monetización e influencia».

Las copiosas lluvias hicieron desbordar el lago Guaiba. Foto: AFPLas copiosas lluvias hicieron desbordar el lago Guaiba. Foto: AFP

Esas teorías proliferan al ofrecer explicaciones para un fenómeno que asusta y preocupa, agrega Recuero, y remarca que logran arraigarse, «porque mezclan su discurso con otros elementos que ya importan a la gente«, como el «discurso político y religioso».

Pese a que las teorías refuerzan creencias conservadoras y extremistas, Recuero afirma que no es posible relacionarlas con un movimiento político singular.

Según ella, está en juego la confianza en los pilares democráticos, socavada por ataques a las instituciones, autoridades gubernamentales, científicas y a la prensa, un conjunto al que se acusa de estar opuestas a la verdad.

Por tanto, dice la especialista, el principal reto sería «sensibilizar a la población sobre lo que está pasando, y una educación mediática para que pueda entender qué es verdad y qué es falso».



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